Mi experiencia personal con Paco

Mi experiencia personal con Paco
Mi experiencia personal con Paco

«Mi experiencia personal con Paco no sé si es única. Quizá existen otras personas a quienes les haya ocurrido algo similar. De todos modos no he podido resistirme a la tentación de escribirla para compartirla. Podría ser útil».

Mi experiencia personal con Paco

Este es el testimonio que remite un cliente y, ¿por qué no? amigo. Mi puerta sigue abierta. Como digo siempre, tu libertad es el factor más relevante. Escúchate a ti mismo antes de decidir.

«Perdona si hay expresiones que puedan ofenderte. Lo he escrito de un tirón».

Nota: únicamente he editado algunas redundancias y la puntuación. He respetado el texto sin cortar, añadir ni quitar una palabra. Puede que se te haga largo, tú decides si vale la pena seguir leyendo.

Todo lo que aparece entrecomillado es el texto que remite este chico.

Confesión

«Esto es una confesión en toda regla».

«Muchas de las cosas de mi comportamiento hacia Paco no se entenderían sin lo que voy a contar ahora. Espero que el conjunto de lo que voy a explicar pueda ser útil para el resto de hombres. Especialmente a quienes estén valorando la posibilidad —o no— de disfrutar de un masaje tántrico con Paco. También creo que sirve para otros masajistas. Ojalá que mi relato ayude a otras personas a tomar las decisiones correctas».

Quién soy

«Ya hace años que vengo planteándome el capricho del masaje Tantra. Lo llamo «capricho» porque no es imprescindible como el pan y el agua. Se puede vivir sin ello, aunque como verás yo llegué a obsesionarme en exceso».

«Pero antes de entrar de lleno al tema quizá debería presentarme un poco. Para que se me entienda mejor. Soy un tipo metódico, me gusta valorar diferentes opciones, tomarme mi tiempo y estudiar las cosas a fondo. Suelo vanagloriarme de acertar casi siempre —o muy a menudo. Mi pareja me lo echa en cara como algo no muy agradable. Es decir, me ve digamos que como pedante».

«Sí, tengo pareja. Llevamos juntos ya más de 13 años. Estoy en mis treinta y largos. Tengo la sensación de que la vida ha pasado demasiado rápido. Y ahora tengo cierta prisa por vivir todo lo que no pude realizar hasta hoy. Por estar en pareja o por haber seguido unos esquemas que ahora veo más como impuestos que voluntarios».

«En mi trabajo me dicen que soy atractivo. A veces percibo cierta ventaja sobre otros hombres quizá no tan agraciados físicamente. Se me considera un tipo comunicativo, simpático, que «llega» a la gente. Es algo que me ayuda en mi trabajo y en otros ámbitos, para qué negarlo».

Mi experiencia personal anterior

«Cuando empecé a buscar por internet los posibles servicios de masaje Tantra encontré a Paco. Lo tuve claro, fue mi primera opción en varias listas. Por su tipo físico, por lo que explicaba en su web, por la confianza que me daba, etc. Ahora bien, cuando vi los precios me dio un infarto».

«¡Yo planeaba gastarme 40 €!»

«El masaje desnudo que describía él coincidía a la perfección con mis sueños eróticos. Especialmente con un tipo viril como él. Creo que lo llamaba «Magnum»; no sé por qué. ¿Porque es un helado que se chupa? ¿Por que es un formato de botella de cava muy grande? ¿Por qué no eligió un nombre hindú para sus masajes?»

«En fin, que lo eliminé de la lista de un plumazo. Diría que sin pensarlo más. La pasta es la pasta. Descartar las opciones caras es algo que he aprendido en mi trabajo. Y lo aplico sin pestañear».

«Además, corría el riesgo nada infundado de ser una tomadura de pelo. Visto el percal de los masajistas tántricos, no iba a arriesgarme. Especialmente por lo que viví después, que me escarmentó del Tantra para casi siempre».

«Mi pareja no sabe nada de todo esto. Son cosas que creo que me incumben solo a mí. Tampoco a mis amigos. Todos ellos tienen una relación estrecha con mi novio y no voy a exponerme a un chivatazo inoportuno».

«Así que me encontraba totalmente solo e incapaz de recurrir a otra persona para pedir posibles consejos. No conozco a nadie con experiencia en masajes tántricos —que yo sepa, claro. Posiblemente haya entre mis allegados alguien que haya vivido una experiencia tántrica. Quizá incluso con Paco, que es tan popular. Quién sabe. Pero la gente no habla de ello».

Los tántricos

«Encontré un masajista que no estaba mal y que «sólo» pedía 80 € del ala. Además eran sesiones de dos horas, por lo cual salía como por una décima parte del precio-hora de Paco. Era el doble de lo que pretendía gastar, pero visto lo visto parecía un chollazo, vaya».

«Este chico no hablaba por teléfono. Todo eran e-mails. Secretismo, poca transparencia, no me daba su dirección. El proceso para quedar con él se me hizo fastidioso. Creo recordar que fueron como 10 días de escribirnos correos con monosílabos. Cuando por fin encontramos un hueco que nos iba bien a ambos sentí como que no me apetecía nada».

«Me daba pereza. Pero fui».

«No voy a entrar en detalles. Un auténtico «bluff». Para empezar, su piso olía mal, como a humedad. Intentaba tapar ese hedor con incienso y creo que eso incluso empeoraba la cosa. De todos modos intenté concentrarme en la experiencia, no en el lugar. Posturas de yoga, respiración. El chico olía a una mezcla de sudor y cebolla. Intenté hacer oídos sordos, nariz insensible y vista ciega porque el chaval estaba en los huesos. Se le marcaban las costillas. Todo muy Nepalí. O Tibetano, no sé. Para el caso…».

¿Sensualidad? ¿Qué sensualidad?

«Todo esto no dibujaba una situación muy sensual que digamos. Pero intenté superarlo, pensando que mis prejuicios no debían impedirme el disfrute de aquel momento tan ansiado. En resumen, no puedo decir que no hubiera puesto todo de mi parte».

«A los pocos meses seguía con el «gusanillo». Como aquella experiencia no fue lo que tanto había deseado, seguí buscando. Volvían a aparecerme varias webs de Paco. Se había asociado con un chico negro muy atractivo, con pinta de duro. Aunque pensé, quizá erróneamente, que los negros no pueden ser buenos tántricos. Me quedaré con las ganas. Vaya, que no me gastaré 150 € por saberlo».

«No voy a decir nombres porque lo que no deseo bajo ningún concepto es perjudicar a nadie. Estoy seguro de que cada cual tiene su qué. Probé con otro chico que atendía en un estudio bastante bien decorado. Budas, incienso, velas, todo correcto. El problema lo tuve —o tuvimos— a la hora de la química personal. Yo confiaba en que el masajista tántrico pone toda su carne en el asador para crear este momento tan especial. Vaya, que el profesional debe tener recursos y técnicas. Al chaval se le iban los ojos siempre hacia el reloj. Y con este me dejé 120 €».

Viaje al sexo

«Me avergüenza bastante comentar esto, pero ya que nadie sabe quién soy, me siento aliviado al decirlo».

«Pagué por sexo. ¡Yo, que soy un hombre atractivo!»

«Porque al volver a casa tras aquel segundo tántrico fallido hice un ejercicio de auto-análisis. Inducido por aquella nueva frustración, pensé que mi error era pedir Tantra cuando quería sexo. Sospeché que lo que más me atraía del masaje tantra era justamente lo sexual. Y como toda esa supuesta espiritualidad del Tantra no parecía nada morbosa —aparte de nada creíble—, decidí probar con el sexo».

«Encontré chicos que vendían «sexo tántrico».

«Aluciné con los precios. Me costaba entender que un masaje de Paco costara 200 € y que el sexo tántrico solamente costara 65 €. De nuevo saqué la conclusión de que Paco es un flipado. ¿Cómo puede ser que un masaje sea más caro que el sexo? Lo siento, no entra en mis esquemas».

«Me decidí por un chico peludo, fuerte, muy bien dotado, ya maduro y por esto supuse que experto. Era muy simpático, y el tema prometía. Incluso me hice una paja con sus fotos la noche antes de nuestro encuentro. Vino a mi casa durante el horario laboral de mi pareja».

«No logré desconectar. Nuestro cuarto, nuestra cama, mi culpa. A los pocos minutos de practicar sexo oral me había olvidado de dónde estaba y qué hacía. Pero cuando empezó a penetrarme tuve oportunidad de ver cosas. Las cortinas, el techo, la lámpara en la mesita de noche de mi novio. Cosas invisibles en la vida diaria. Sombras que me recuerdan a mi pareja y que me acusan con el índice. ¡Tú, infiel!».

El sexo y la culpa

«Durante los días sucesivos me sentí asqueado, apático, sin ganas de hablar con mi chico. Lo evitaba, no podía mirarle a los ojos. Prefería estar a solas con mis elucubraciones. Incluso perdí el apetito, lo cual tuvo su pequeño premio en cuanto a reducción de perímetro abdominal».

«A las pocas semanas volví a buscar opciones. De nuevo ese pesado de Paco. Parecía estar por todas partes, daba igual si buscaba la palabra «masaje, la palabra «gay» o la palabra «tantra». Lo odié con todas mis fuerzas. Lo hubiera señalado como el culpable de mi deriva y de mis obsesiones. Por culpa de sus precios abusivos».

«Hasta que apareció aquella foto. Con esos ojos oscuros y tiernos, con ese pelito tan bien cortado y delimitado en la nuca. Llamémosle Alan».

«Lo encontré en una web de contactos. Lo elegí por varias cosas, no solo por su físico y su juventud. Es que decía que le encantaba dar masajes. Y para mí la combinación de masaje con sexo significa automáticamente «Tantra». Quedamos para un café, noté que había química. Me excité con solo rozarle las manos. Él me enseñó el bulto con esa prudencia juvenil —aunque sabia para su edad. Estábamos en público. Yo le excitaba, cosa que me parece normal dada mi fama de guapo. Las vibraciones eran de química sexual. Así que al día siguiente volvimos a quedar en un sitio por horas. Un sitio que él conocía bien».

Sufrir para sentirse vivo

«Ahí empezó una relación de varios meses. Apasionada pero agridulce. Quizá debería decir que atormentada aunque solo por mi parte. Alan desaparecía durante días enteros, siempre de tres en tres. Me decía que había estado en el pueblo con su tía. Masajes, pocos. Solo en nuestro primer encuentro. Mirando atrás, era de esperar que no serían masajes tántricos de verdad sino cualquier otra cosa».

«Ayer leí un post de Paco sobre el «novio caro«. Todo coincidía con Alan. Aunque la historia de Alan ya pasó hace meses, fue esta lectura lo que me impulsó a escribir esto».

«En Alan me gasté entre cenas, regalos, hoteles y taxis unos 3.000 € en dos meses y medio. Sin añadir lo que me gasté en peluqueros, ropa y zapatos para mí, o sea que calcula otros 1.000€, redondeando. Solo para ponerme al día y salir con Alan sin el complejo de vestir desfasado».

Vivir tiene un precio

«Me consolaba a mí mismo diciéndome que jamás antes había vivido tan intensamente. Un amante escondido. Excusas en casa. Ganas de huir. Pasión, encuentros prohibidos, tormento».

«Pero en el fondo sabía que estaba haciendo el primo».

«Mi novio me notaba diferente, me hacía preguntas incómodas. Lo peor eran sus silencios. Por primera vez en 13 años pensé que estábamos al principio del fin».

«Maldito Tantra!»

«Y todo por ese maldito deseo de probar un masaje tántrico».

«Tras cortar con Alan, volver a la normalidad me costó meses. Alan no protestó ni una sola vez ni se opuso a nuestra ruptura. Quizá era una prueba más de sus intenciones. Alan desapareció».

«Lo olvidé todo, aun no entiendo ni cómo lo logré. Los primeros masajes casposos, los chaperos, incluso a Alan. Intenté recuperar todo lo bueno que siempre había tenido mi relación. Que no es poco, me di cuenta».

«Entré en esa fase que mi padre describe como «para qué quiero uvas si están verdes». Cuando el tema de los masajes Tantra aparece en series de televisión o en películas siempre pienso:»

«¿Te das cuenta? ¡Vaya timo lo del Tantra!»

El reincidente

«El tiempo pasa, la vida sigue. Lo que un día te irrita puede que al cabo del tiempo te merezca el perdón. Pasaron los meses y una noche me descubrí a mí mismo buscando temas de masaje Tantra. Cómo no, de nuevo me aparecieron los blogs y las webs de aquel Paco. Con «p» de «peludo» —y sobre todo con «p» de «pesado».

«Comprobé de nuevo sus precios del masaje. Desproporcionados. Y que no había bajado ni un ápice, ni un céntimo. No había crisis que pudiera con sus tarifas».

«Ni siquiera tiene el detalle de poner 199 en vez de 200. No debe de tener cambio en monedas».

«Hice algo que no creí que ocurriera jamás por mi propia voluntad. Lo llamé por teléfono. Imaginé que respondería un contestador, que me enviaría una dirección de e-mail. Y que volvería a empezar ese proceso insoportable de la correspondencia escrita. Los tántricos son así».

«Pero Paco me sorprendió con su tono familiar. No me di ni cuenta y al rato conversábamos como si nos conociéramos de mucho tiempo. Respondió a todas mis preguntas, incluso a las más «bordes». Y sin intentar convencerme de nada. No vendía su tema, simplemente lo explicaba. Le sugerí una rebaja, y como respuesta obtuve un silencio».

«A Paco le entraba otra llamada y ahí quedó la cosa. Le dije que lo llamaría».

¡Por poco!

«Varias semanas después mi novio tenía un viaje de trabajo. Iba a quedarme solo como cuatro días. La oportunidad hace al criminal, y llamé a Paco. En el fondo me alegré de que no estuviera disponible, como dijo».

«Así que decidí visitar aquel chapero experto y peludo. Y bien dotado. Porque en mi casa, como la otra vez, no gracias. Me cobró algo más caro que la primera vez, y me sorprendió pidiéndome más dinero para el alquiler del sitio. Y otra cantidad más para los taxis. Luego vi que se iba en bicicleta. Decir que sentí vergüenza es casi un eufemismo».

«Además, el super dotado no conseguía levantársela, fue todo un bluff».

«Echando cuentas, me costó más caro que un masaje del famoso Paco. Y para nada. Otra vez me sentí el primo de turno».

«Me sentía totalmente aislado, sin nadie a quien poder contarle toda aquella lista de despropósitos. Y llamé a la persona que había sabido escucharme».

Mi experiencia personal con Paco

«Por mucho que insistí Paco no aceptó una cita sin mi compromiso firme. Quizá me excedí en ponerle condiciones para hacerme el masaje. Porque después de todos mis fiascos le propuse vernos en su estudio. A partir de la química que hubiera ya decidiría yo si me quedaba para el masaje o no. Entendí su negativa —incluso con cierta culpa. Jamás antes le había pedido eso a nadie. Me hizo ver que le estaba haciendo pagar a él los abusos de otros».

«Mi predisposición para con él fue la peor de todas. En todas mis experiencias anteriores me había obligado a ser paciente, a confiar, a abrir mi mente. En cambio Paco no parecía merecer todo eso. Le estaba haciendo pagar a él los errores que eran míos. Y que no quería reconocer».

«Durante el masaje con Paco me vinieron a la mente palabras. Frases que algunos de sus clientes han dejado en su blog. Me daba rabia que fuera cierto. Aunque en este momento creo que lo que me daba rabia era reconocer mis errores anteriores. Me resistía a soltarme».

Magia tántrica

«Pero aun resistiéndome, Paco me sedujo con algo que no sé describir. Llegó un momento a partir del cual perdí toda noción del tiempo, del espacio. Entré en eso que otros han llamado «trance». Como dicen aquellos testimonios, desconecté mi mente. Todo fluyó de una forma involuntaria. Era como navegar sin saber que navegas, volar sin saber que vuelas».

«Me preguntó si me apetecía un vaso de agua. Le dije que al final».

«Ya han pasado 90 minutos», dijo con una sonrisa».

«Le mejor sonrisa es la que brota espontáneamente, sin saberlo. Creo que me dio rabia sonreír. Pero  me dije «¡qué cojones, esto era lo que había estado deseando desde el principio! Un masaje con Paco. La experiencia del placer sin culpa, lo sublime del Tantra».

«Volví a casa pensando lo caro que me había salido ese masaje. Cuando quise darme cuenta, no habían sido 200 €».

«Por evitar los 200 € de Paco había recorrido un camino que me costó más de 4.000!»

«Y lo gracioso es que no me los había gastado en Paco. Sino en todo tipo de charlatanes, chaperos y vividores».

Conclusión

«Mi padre siempre emplea expresiones de este tipo:»

  • «Lo barato sale caro».
  • «Las prisas son malas consejeras».

«¡Lo que podía haberme ahorrado en tiempo, en dinero, en esfuerzos infructuosos, en sufrimientos. Y sobre todo en problemas con mi pareja».

«No sé cuándo, pero repetiré».

«Añadí, no sin hacer un gran esfuerzo: «Eres caro, pero lo vales».

«Me he sentido super a gusto, este masaje es exactamente lo que deseaba vivir. No me siento culpable para con mi novio. Y encima me resulta útil lo que he aprendido contigo para enriquecer mi relación de pareja».

«Contar todo esto es como quitarme un peso de encima. Gracias por escucharme».

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Por Paco

Me llamo Paco. Soy un masajista masculino especialista en masajes prohibidos por su alta carga de morbo y secretismo. Mi discreción es total para protegerte. Disfrutar de un masaje prohibido puede ser una decisión difícil, pero es tan legítima como placentera. ¡te encantará!