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Masaje y vergüenza

«Me daba vergüenza todo, desde el momento de llegar a tu estudio de masaje, y no digamos el desnudarme. Además, el simple hecho de pedir un masaje me produce vergüenza. Llamarte me ha costado meses. Coger el teléfono y volver a colgar. Una y otra vez durante casi tres meses. Ahora que estamos hablando en persona me siento mucho más tranquilo. No pasa nada».

Masaje y vergüenza

Estas dos palabras, «masaje y vergüenza«, juntas, son más frecuentes de lo que imaginamos.

Porque entiendo que para el hombre que decide acudir a un masajista que lo va a desnudar por primera vez pueda tener cierto reparo. Así como en el vestuario del gimnasio miramos a derecha e izquierda antes de bajarnos el slip. Más que la desnudez quizá nos cohibe la mirada de quienes nos observan con la intención de comparar.

Tamaño del pene y vergüenza

El hombre que escribía la declaración que abre este post es un hombre atractivo, con los 40 recién estrenados. El tamaño de su pene es superior a la media. Con algo de atrevimiento por mi parte le hice este comentario. No suelo hablar de cosas tan íntimas a no ser que el cliente me pregunte de forma clara. Pero el motivo de su vergüenza no era este.

La vergüenza se supera

La vergüenza que tuvo que superar hasta llamarme y conversar abiertamente fue muy grande, y reapareció en el momento de acudir a mi estudio de masaje. Creí que llegaba tarde pero estaba en la portería dudando entre subir o volver a su casa. A pesar de que ya habíamos conversado por teléfono y todas sus dudas habían quedado dilucidadas.

Así que faltaba el paso final de llamar a mi puerta. Finalmente subió a pie usando las escaleras. Al parecer evitó el ascensor para no llegar demasiado deprisa.

«Cuando se abrió tu puerta y vi tu sonrisa me sentí mucho mejor. Entré sin dudar. Tu abrazo de bienvenida fue seguro, decidido, cálido y viril. Supe que en tus manos estaba a salvo».

La vergüenza de pedir un masaje era el motivo de su reticencia.

«Pedir un masaje de este tipo es como aceptar que algo falla en mi vida. Sé que te cuesta entenderlo porque seguramente todos tus pacientes llegan con enormes deseos de compartir su desnudez. Esto debe de ser algo que les da placer. Para mí este acto supone aceptar que mi vida está coja».

Finalmente este hombre se desnudó casi sin pensar, sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, mientras hablábamos y le servía un vaso de agua.

«La naturalidad forma parte de tu forma de ser. Transmites naturalidad y confianza. Yo mismo me sorprendí de la facilidad con la que me desnudé».

Disfrute del masaje y vergüenza

Existen muchas formas de dejar este momento tenso a un lado. Cada cual necesita unas instrucciones concretas, adaptadas a su caso personal.

Finalmente siguió mis instrucciones y disfrutó de un masaje placentero que lo transportó.

«Ahora que te conozco, que sé de qué va tu masaje, no me costará volver. Me siento ridículo al pensar que una vergüenza absurda me ha frenado tanto. Nos veremos pronto».

Si necesitas conversar para dilucidar tus dudas ya lo sabes: llámame y te explicaré todo lo que necesitas saber acerca del masaje desnudo.

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Paco: contáctame.

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Por Paco

Me llamo Paco. Soy un masajista masculino especialista en masajes prohibidos por su alta carga de morbo y secretismo. Mi discreción es total para protegerte. Disfrutar de un masaje prohibido puede ser una decisión difícil, pero es tan legítima como placentera. ¡te encantará!