Pagar por sexo: ¡nunca!

Pago por sexo
Pago por sexo

Pagar por sexo es algo que no haría nunca»

es una frase de las más divertidas, que oigo con frecuencia. Otros son más sutiles:

Yo no pago por sexo.

¿Divertido? Sí, porque es la voz de la candidez, disfrazada de esa ignorancia inconsciente. ¡Alma de cántaro!

¿Por qué me lo dicen a mí? Si, además, ¡jamás le he propuesto sexo a nadie!

Acompáñame en este divertido viaje, que deja desnudos a muchos hombres —ojo, ¡que tampoco cobran!

Las amigas del miedo

Como no ofrezco sexo, el hecho de que me anuncien este «no pago por sexo» debe de responder a algo parecido a un ataque preventivo; una forma de defenderse de algo que aún no ha ocurrido.

El motivo es que muchas personas confunden el masaje erótico y el masaje tántrico con otros servicios —también profesionales, y por lo tanto remunerados.

No sé. ¿Quizá es lo que realmente desean? ¿Y no se atreven? ¿Es el subconsciente quien habla —y se defiende?

Ver cosas donde no las hay es el indicio de una intención oculta —o de un desequilibrio mental.

Ya ves que este tema es como una cebolla, tiene muchas capas, así que vamos a ir pelándola una por una, aunque se transparentan.

Como veremos, el masaje erótico no equivale a sexo. Existen numerosas diferencias, causa de que se usen sustantivos y adjetivos diferentes. Son para diferenciar y distinguir oficios y prácticas que no son iguales ni parecidas.

Hay quien jamás ha abierto un diccionario —ni la Wikipedia.

Confundirlas ¿es un síntoma de incultura? O quizá ¿delata un deseo inconfesable? ¿O una carencia?

Pagar por sexo ¡no es nada malo!

De todos modos, y aunque el masaje erótico fuera un servicio sexual, pagar por sexo no sería nada malo. Ni vergonzoso, ni humillante para nadie. ¿Por qué debería serlo?

Humillante para nadie tiene una condición ineludible: siempre y cuando el profesional que realiza este servicio lo haga de forma voluntaria. Y si además se siente correctamente remunerado.

Lamentablemente existen millones de personas que trabajan muchas horas a cambio de sueldos muy bajos, a quienes no les gusta ni un ápice su trabajo. A todos se nos ocurren ejemplos. Encima, viven lejos de sus puestos de trabajo y pasan horas portando las inclemencias del transporte público.

A eso le llamaría explotación. Por falta de oportunidades mejores.

Tampoco podemos olvidar a una gran cantidad de amas de casa. No solo realizan trabajos domésticos no remunerados, sino que además son «esclavas sexuales». Y el mismo esclavizador que no las retribuye —ni agradece— paga los servicios de otras profesionales ajenas a la familia.

Pagar por sexo y permiso para humillar

A quien «no paga por sexo» todo esto le debe de ser indiferente, o le parecerá normal. Y es que su dignidad «está muy por encima» de todo esto.

Querer ver algo humillante en el sexo equivale a despreciar la sexualidad de uno mismo. Porque ¿tu propio deseo sexual es una vergüenza? Ponerlo en práctica, pagando o no, ¿te insulta?

Además, despreciar el valor de un servicio, de cualquier servicio, equivale a poner en riesgo el valor de tu propio trabajo.

Queramos o no, en esta vida y en este mundo casi todo tiene un valor, —y un precio— especialmente las cosas que pueden intercambiarse. Cosa que hacemos voluntariamente.

No querer pagar por nada es la mayor mezquindad que existe. Debe de tratarse de individuos que esperan su nómina «porque lo valen». Pobre gente, que no «gente pobre» —pero digna, oye.

Porque quien no paga por sexo, no se escapa de pagar:

  • Los alimentos y la restauración
  • Su médico, su dentista
  • El alquiler o la hipoteca
  • Su factura del teléfono, wifi y Netflix
  • La ropa con la que se viste
  • El mecánico de su coche o moto, o el transporte público
  • Los impuestos y tasas
  • Su propio entierro

Hay que ser muy iluso. Quien crea que se escapa de pagar algo con lo que no está de acuerdo no sabe que es un iluso.

Vivimos en una sociedad en la que nos intercambiamos bienes y servicios porque lo hemos decidido entre todos. Es lo que se lama «sociedad».

Y como ese trabajo «por el que no pago» es el oficio más antiguo del mundo, somos todos descendientes de este tipo de profesionales. Unos mas directos, otros más indirectos.

¡Horror! ¿Lo llevaremos en el ADN?

Pagar por sexo y cobrar por sexo

Pagos «a la sombra»

Todo lo que tiene valor tiene un precio, todo lo que alguien desea o necesita, tiene un coste.

Afortunadamente también para quienes «no pagan por sexo», porque seguramente estas personas tienen un oficio del que viven.

Y el sexo, al final, también se paga. Con dinero o no, de forma más directa o artificiosa, pero el sexo siempre es un intercambio. No solo de fluidos.

Más sutil o más invisible, porque seguramente quien «no paga por sexo» es incapaz de ver de qué forma le están usando.

Te invito a leer novios caros, una entrada que ha dado que hablar mucho entre mis clientes y amigos.

Pero los trucos mentales y los atajos para la auto-sugestión no terminan aquí. ¡Sigue leyendo!

Nunca pagar por sexo

Nunca pago por sexo, pero nunca. Que conste que quiero probar tu masaje Tantra por un tema de curiosidad».

No hay ningún problema. Como dije en la entrada, el masaje erótico no es sexo. No estás pagando por sexo sino por una experiencia diferente. Los hay quien se lanzan desde una atracción en Port Aventura, quieres prefieren hacer submarinismo u otros deportes que nos «regala» la naturaleza —seguro que no los pagan, nadie paga por lo que ha heredado de la propia humanidad.

Volvamos al masaje.

No veo la diferencia. Explícamela, por favor».

Existen muchas diferencias, aunque de momento podemos empezar analizando las similitudes.

Pues sí, se pueden comparar ambos servicios. Empecemos con los factores comunes, por favor.

  • Es un servicio íntimo
  • Personal y privado
  • Alcanzas el orgasmo si lo deseas
  • Aporta satisfacción sexual
  • Existe genitalidad

Arrogancia

Nadie había pensado en esto, al parecer.

Existe un factor más, que es una actitud. ¿Virtuosa? La arrogancia. Porque algunos hombres que declaran «no pagar por sexo» se creen de un atractivo fuera de lo común, a veces desmesurado.

Estas personas olvidan que no todos los ven como ellos a sí mismos. Quien es atractivo para unos, es insulso para otros. Si justamente deseas a alguien que no siente nada por ti ¿cómo vas a convencerle? —hablando de casos de obsesiones muy severas, que entre la gente arrogante abundan.

Así que existen gustos, preferencias y… algo muy cruel: el paso del tiempo.

Uno de mis clientes me enviaba fotos suyas —supongo que para seducirme—, tomadas cuando tenía 25 años de edad. Este hombre, de un atractivo y belleza sublimes para aquellos entonces, sigue encallado en ese instante ya tan lejano. Como 50 años atrás. Él tampoco «paga por sexo» porque de su juventud ha conservado dos virtudes más —aparte de su atractivo: la arrogancia y el narcisismo.

Lo gracioso es que siempre somos los demás los «patéticos».

Por qué el masaje no es sexo

No puede llamársele sexo al masaje porque el masajista no emplea sus órganos genitales. Su función es la de crear y dar placer, evitando la implicación propia del sexo. Así que el masajista no desea compartir el placer, tampoco para retribuirse a sí mismo —aunque algunos clientes lo desean. Una forma de «no pagar por sexo» es simplemente compartirlo —según ellos, aunque sea forzosamente.

Ten en cuenta que tanto mujeres como hombres decidimos libremente cuál es nuestro oficio.

La actitud del masajista es la de una persona que presta un servicio. El masajista usa un protocolo profesional, no improvisa. El masajista conoce y emplea una serie de técnicas, que en el caso del masaje Tantra requieren una formación específica.

En dos palabras, el masajista está desarrollando un trabajo con un objetivo de servicio.

El masaje, como trabajo terapéutico, exige también un equilibrio emocional.

Curiosamente los clientes más asiduos de trabajadores sexuales se sienten atraídos por chicos con carencias emocionales, vidas desestructuradas y otros factores de adaptación sociales.

Además, los trabajadores sexuales basan su trabajo en la improvisación —cuando no la rutina y la apatía. Con suerte, suelen realizar las posturas o prácticas sexuales que les piden los clientes —o las que saben hacer, o «las de siempre».

Por lo contrario, el receptor de un masaje no «usa» el cuerpo del masajista a su libre albedrío. Tampoco tiene acceso a sus genitales o a su boca sin permiso.

Pero hay masajistas que practican sexo. Te lo ofrecen «de estranquis».

Seguramente, pero también te adelanto que habrá poco masaje. Seguramente la sesión durará 10 o 15 minutos, lo que tardes en eyacular.

«Si sexo es follar…»

Si al sexo lo llamamos «follar», ninguno de mis clientes puede decir que ha tenido sexo conmigo.

El placer sexual ¿se alcanza solamente con prácticas sexuales?

Esta visión es la clave del erotismo y del tema que nos ocupa aquí.

En cambio, mis clientes han experimentado un placer sexual que supera en mucho algunos de sus «polvos». Como dicen varios de ellos:

Este ha sido el mejor polvo de mi vida».

Insisto: sin sexo.

¿Es difícil de entender? Sigue leyendo. O mira uno de los relatos eróticos gay que describen mis sesiones enteras de masaje.

El masaje erótico gay dura bastante más que un «polvo normal», precisamente porque consiste en prolongar el placer. Empleo técnicas de control de eyaculación y estímulos eróticos que eternizan el disfrute.

Uno de los objetivos más relevantes del masaje erótico —y del masaje tántrico en especial— es el disfrute prolongado. Una hora, hora y media, dos horas.

Durante este tiempo se crean complicidad y confianza. Algo muy especial que un chapero solamente puede crear a base de varios encuentros. Y con mucho interés y autenticidad por ambas partes.

La sensación de intimidad que tuve durante tu masaje supera la que tengo con mi pareja».

«Después de salir del chapero siento vergüenza. Contigo, no».

«No busco follar. Busco un masaje de calidad, sensual, morboso, erótico. Una experiencia que me aporte algo más que una paja y más que un polvo con un desconocido».

Lo que no contiene un masaje

Si algún amigo te hace creer que durante un masaje erótico practicarás algún tipo de penetración, de besos —del color que sean—, desconfía de él. Seguramente jamás ha acudido a un masajista erótico.

Me he resistido durante años a practicar sexo oral con mis clientes. Recientemente he incorporado el menú Tantra Fusión como una forma de acceder a las peticiones reiteradas de los clientes a quienes atiendo desde hace 10 años. Insisto que es una práctica adicional que no considero masaje —y que el receptor tampoco entiende como sexo.

Si deseas servicios sexuales gay te sugiero a Jorge, Benito, Marco, Leo y sus amigos…

Vergüenza y pagar por sexo

La vergüenza es propia de sociedades culpabilizadas. Tanto las religiones como las morales sociales han dedicado milenios a culpabilizar el sexo.

Seguramente por este motivo existe esa etiqueta vergonzante. Usar los servicios de un profesional del sexo está mal visto, y por lo tanto no se comenta abiertamente.

Existe la creencia de que quien solicita estos servicios es porque «no liga». O porque no sabe «conservar una pareja» por algún motivo más vergonzante que el sexo. O simplemente que es una persona «viciosa».

Está de más decir que no contemplo ninguno de estos motivos.

Hoy en día las personas pagamos por lo que nos apetece.

Un poco como el tema de Alaska en «¿a quién le importa?»

Exactamente. Porque no es asunto de nadie lo que hagamos en nuestra vida íntima. Que por algo se llama «privada». Cada cual lo comenta en el círculo o con las personas que estima más adecuadas.

Tengo derecho a mi jardín secreto. Ni siquiera mi pareja sabe en qué consiste este jardín que es solo mío. Y la gracia está justamente en que es secreto».

Como verás, el morbo secreto es otro de mis grandes temas preferidos.

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Te invito a explorar también mi web clásica Paco Tantra

¡Nos vemos en Barcelona!

Por Paco

Me llamo Paco. Soy un masajista masculino especialista en masajes prohibidos por su alta carga de morbo y secretismo. Mi discreción es total para protegerte. Disfrutar de un masaje prohibido puede ser una decisión difícil, pero es tan legítima como placentera. ¡te encantará!