El nuevo masaje rural y la sexualidad vaciada
La expresión «masaje rural» quizá induce al error. No solo deseo hablar de los clientes que «vienen de pueblo», como dicen ellos —que son cada vez más. También voy a contar cómo realizo mis desplazamientos a zonas poco habitadas, como un servicio especial a caballeros que no quieren renunciar a nada sin venir a la capital.
¿Por qué?
Esta entrada está dedicada a todos aquellos hombres que no se atreven o no desean venir a ninguna ciudad. ¡Y con todo el agradecimiento para los que sí reunieron el coraje, las ganas y el sacrificio!
Masaje rural
Evidentemente no existe ningún «masaje rural» com o categoría, ni como lujo extremo ni como adjetivo. Si existiera como terapia, ¡ten por seguro que lo practicaría! Ya sabes que existen tópicos contrapuestos acerca de cómo es la sexualidad en los pueblos. Unos dicen que la gente rural es más cándida y con menos recursos o fantasías. Otros podemos decir que «¡nada de eso!» porque la sexualidad es más natural, desinhibida, fresca e incluso ocurrente.
He constatado que mi clientela que viene de los pueblos es igual de variada que la urbana o la internacional. La naturaleza humana es así: sorprendente e inclasificable. ¡Qué maravilla! Lo que sí caracteriza a los clientes que vienen del pueblo son estos factores tan interesantes:
- Puntualidad
- Honestidad
- Flexibilidad
- Agradecimiento
Y los percibo con mucha claridad. Porque se trata de hombres preocupados por su imagen. Desean transmitir seriedad y confianza. Además agradecen los detalles que los clientes de ciudad «dan por supuesto».
«Sexo en Nueva York» ha hecho mucho daño en cuanto al concepto de cosmopolita. Según la forma de entender la vida y las relaciones sociales de los personajes de esta serie, ser cosmopolita va acompañado de una cierta arrogancia, altivez o esa actitud de «sobrado». Cosa que a los pueblos no ha llegado, gracias a quien sea.
La ciudad obsoleta
En las ciudades como Barcelona, Madrid, Valencia o Sevilla desde hace décadas nos hemos vuelto muy urbano-céntricos. Parece que solo ocurren cosas en nuestras grandes capitales. Como si fuera de las ellas no hubiera ni vida ni sucesos interesantes.
Yo soy de la opinión que el futuro está fuera de la ciudad. A mi entender la fórmula de las ciudades se ha agotado en todos los sentidos.
- Las ciudades no ofrecen calidad de vida
- Ya no son necesarias para quien tele-trabaja
- Son intransitables por colapsadas
- Vivir en la ciudad es muy caro
- El tiempo no rinde
- La ciudad es ineficiente
- La excusa de la cultura es insuficiente
Desplazamientos difíciles dentro de un caos circulatorio denso y persistente y la imposibilidad de aparcar se suman a todas estas desventajas, y hacen que cualquier recado se convierta en una odisea. Las ciudades son costosas en tiempo, esfuerzo y dinero. Y estrés.
Necesito vivir en la ciudad porque es donde están los cines y los teatros».
Centenares de veces he oído esta afirmación. Curiosamente la pronuncian quienes no acuden nunca ni a teatros ni a museos.
Lo que salva la ciudad
El único factor que «salva» el concepto de ciudad es el anonimato. En otras palabras, la libertad de acción. Y la ausencia de juicios morales. Esto es lo que me dicen mis clientes que vienen del pueblo:
En Barcelona nadie sabe dónde vas ni qué haces. Te sientes libre porque es inmensa y anónima. Esto es imposible en el pueblo, donde cada ventana y cada coche son ojos que te conocen, te siguen y te juzgan».
Este es el motivo fundamental por el cual no hay centros de masajes en los pueblos. Nadie quiere ser tachado de «indecente» o de «infiel» por acudir a un masaje, aunque sea terapéutico.
A la vida rural no le atribuyo todas las virtudes, así que tampoco voy a exculparla de todo vicio. Porque si hay algo negativo —y muy universal, porque es humano—, es que existe gente mal pensada. En los pueblos todo el mundo se conoce, y además algunos se entrometen con facilidad en las vidas de los demás. De todos modos, esto también sucede también entre los vecinos que viven en los grandes bloques de la ciudad. Ahora bien, una vez fuera del edificio, «desapareces» en el bullicio de las calles.
Sexualidad rural
La sexualidad es el resultado de una combinación a veces explosiva. La educación, el entorno —familiar, escolar, social— y los factores de personalidad digamos que innatos.
Es evidente que la vigilancia social por parte de unas pocas personas que se conocen muy bien modifica la espontaneidad. Si el sexo es una actividad que ya de por sí exige discreción, en el entorno rural este factor está más presente. Aparentemente no se contempla ningún tipo de vida sexual en el entorno rural que no sea la legítimamente marital. Nada deja rastros, pero la vida sexual existe. Escondida, secreta, crea códigos solo descifrables por quienes interesan.
Espero que estas reflexiones acerca del masaje rural sean útiles.
En los pueblos «queda mal» que se conozcan los hábitos y preferencias sexuales de nadie. Si encima hablamos de prácticas que no se ajustan a la heterosexualidad patriarcal, la cosa se complica. Porque no existen opciones «decentes» fuera de la pareja heterosexual reproductiva. Aunque luego te das cuenta de que existe mucha comprensión e incluso complicidad para con las personas de las minorías.
El desahogo lejano con el masaje rural
Aunque existiera un centro de masajes en mi pueblo, o en el de al lado, donde estoy en 10 minutos, no iría en la vida. Todo el mundo sabría que vengo a darme masajes. Así que prefiero venir a verte a Barcelona».
Un recado, una visita burocrática, familiar o de negocios suelen ser las excusas par venir a Barcelona. Aunque algunos me confiesan también que…
Si dices que «bajas a Barcelona», ya imaginan que vas a hacer alguna cosa depravada. Barcelona equivale a anonimato, y consecuentemente a vicio. Así que no vengo.»
Pero existen otros motivos para no venir. Y muy curiosos. Uno de ellos es la etiqueta.
En Barcelona se ríen de nosotros que somos gente de pueblo. Que si vestimos así o asá, que si nos comportamos diferente. No sé. Me da cosa ir porque es un sitio que tiene sus códigos, y no me gusta sentirme fuera de lugar».
Afortunadamente, y con el tiempo, he logrado que estas personas, que a lo sumo llaman por teléfono, reúnan la confianza y la seguridad de saber que conmigo siempre son bien recibidos.
No solo me siento a salvo, sino que muy bien entendido. Contigo se puede hablar de todo.»
No en vano tuve una pareja —durante diez años— que era de un pueblo muy pequeño, donde se conocía todo el mundo. Sé cómo hacer que cualquier persona, independientemente de su origen, se sienta a gusto. Soy tan «normal» y tan inofensivo como cualquier vecino de pueblo.
Normalidad rural
En los pueblos todo el mundo desea ser «normal» al mismo tiempo que «especial». Es exactamente lo mismo que en las ciudades. Yo prefiero llamarlo «derecho a la individualidad». Nadie quiere ser un bicho raro, pero sí ser percibido como alguien que existe. Además, nos gusta que nos acepten tal como somos. La diferencia radica en que quienes viven en núcleos pequeños lo verbalizan. Y es algo que preocupa bastante a mis clientes que viven fuera de Barcelona.
¿Tú crees que soy normal?»
Me pregunta. Contesto:
Para nada. Eres único.»
Esto logra que se sientan mejor. Y es verdad. ¿Quién es más normal o menos normal que otra persona?
Masaje rural y seguridad
La seguridad, la higiene y la discreción son tres factores clave para todos los clientes. No obstante, el cliente que viene de fuera de la gran ciudad hace hincapié en ellos, y preguntas muy concretas. Si tienes dudas o necesitas aclarar conceptos, mira esta sección.
El relato de un masaje rural
Pronto incluiré entre mis relatos eróticos gay una historia que ocurrió en un pueblo de Lleida. ¿Te aviso? Finalmente, descubre por qué el Masaje Tantra Fusión es el más solicitado de entre quienes vienen de fuera de Barcelona.¿Deseas elegir entre varios perfiles de masajistas? ¡No te los pierdas!




