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Me enamoré de un gigolo

Asumir que me enamoré de un gigolo no es frecuente, pero también sucede. En la foto puedes ver una recreación simbólica de Max y Moritz.

No sabía qué me estaba pasando. Hasta que mi mejor amiga me dijo que me estaba enamorando. Reconocerlo fue una alegría… y una angustia inmensa al mismo tiempo.

Este es el testimonio de Moritz, un cliente —y buen amigo— que se enamoró de un chico de compañía, llámale escort, chapero o gigoló. Pero empecemos por el principio. Existen muchos tipos de clientes en el mundo de los profesionales del sexo.

  • Clientes ocasionales
  • Asiduos
  • Curiosos
  • Por actos de venganza
Masaje por venganza
Masaje por venganza

Recurren a este servicio en momentos concretos de sus vidas. Al contrario de los asiduos, que aprovechan las ventajas de este servicio con un máximo de consciencia, la propia del sentido práctico.

Me considero un cliente ocasional. Solo uso un chico de compañía cuando estoy soltero, muy cachondo y no quiero esforzarme en salir de ambiente. Además, quise vengarme de mi novio por haberme sido infiel. Así que intenté herirlo haciendo algo similar. Sentía curiosidad por ver qué se siente y si el sexo es mejor con un profesional.

Fase 1: reconocerlo

Maxi —llamemos así al «chico de alquiler» de Moritz— fue tan especial en todos los aspectos, que salí de su piso como flotando pero sin saber dónde ir. Cualquier sitio me estaba bien. Mientras estuviera con él. Me dio algo tan auténtico que nadie más me había dado antes en mi vida.

La desorientación suele acompañar al momento del «flechazo». De repente nada más importa, y la vida se reduce al presente y se enfoca en un solo punto. Todo se ve en función de esa persona. Su olor, sus mensajes. Los lugares se tiñen de su nombre.

Sexo entre hombres Brokeback Mountain
Sexo entre hombres Brokeback Mountain

Mi mejor amiga reconoció mi rostro de enamorado antes de que yo fuera consciente de ello. Aunque su consejo fue que no cayera en sus redes porque esta persona «no te conviene».

Los consejos de las amigas a veces son el resultado de los celos o de la envidia. Porque perder la proximidad de un buen amigo también duele, y ellas se reconocen como víctimas de un cambio que las afecta a ellas porque puede ser traumático para la amistad. Temen que les dediquemos menos tiempo.

Empecé a pasar todo el tiempo pensando en él. Lo más doloroso era afrontar el hecho de que en ese mismo instante Maxi podía estar teniendo sexo con otro hombre. Con un cliente. ¿Sentiría lo mismo que conmigo? Ese cliente, ¿sería más guapo que yo, la tendría más grande? ¿Lo haría todo mejor?

Fase 2: vivirlo

No me excedí en acosarlo —creo. Maxi se convirtió en mi prioridad, y corté otros muchos gastos para dedicar todo el dinero que pudiera en costearme sus servicios. Lo veía dos o tres veces a la semana. Cada vez me sentía más feliz, más satisfecho, más flotando en una nube rosa.

Los profesionales del sexo saben reconocer los síntomas de un enamoramiento. Algunos los explotan conscientemente, otros además los disfrutan. Solo unos pocos saben encontrar el punto exacto de disfrute y de ventaja económica. Aunque es difícil saber si son buenos actores o si se implican de forma genuina en la relación.

Me enamoré de un gigolo
Me enamoré de un gigolo

Siempre le pagué. A Maxi. En ningún momento pretendí que tuviéramos sexo gratis. Por respeto, por educación, y creo que también por miedo al rechazo. Vaya, que me enamoré de un gigolo pero no perdí el sentido común.

Lo que sí está claro es que si los chicos de compañía lo gestionan mal, la magia se termina de forma repentina. Y con la magia se terminan tanto el disfrute de uno como el negocio del otro. La clave está de nuevo en su profesionalidad y en su sentido de la responsabilidad. Herir a un cliente siempre es una mala estrategia. Aunque mentir también. Así que manejar una situación así también es difícil para lo profesionales.

Me enamoré de un gigolo en Barcelona
Me enamoré de un gigolo

Fase 3: los planes de futuro

La tentación de un viaje aparece muy pronto. Es una forma de aislar al chico de compañía de su entorno laboral, evitar que esté con el resto de su clientela. En otras palabras, alejarlo de «los rivales».

Maxi fue muy reticente. Estar una semana fuera significaba «perder mucho dinero». Me pidió tiempo para pensarlo. Mientras, yo iba haciendo planes.»

Ninguna de als relaciones escapa a miedo a la rutina. Mientras algunos hombres necesitan la «zona de confort» de rutina, costumbres y horarios, otros necesitan emociones y novedades constantes.

Me enamoré de un chapero
Me enamoré de un chapero

Fase 4: salvación

En ese momento aún era incapaz de imaginar un futuro mas allá del viaje que planeaba. También pensé en buscarle otro trabajo, sacarlo de esa vida. Que le pusiera fin a esa etapa de «vender su cuerpo».

Muchos hombres creen que sacar de ese trabajo a un escort es una forma de «salvarlo». Pero en realidad es lo contrario. Muchos reconocerán el tema «Roxanne» de The Police. Uno de mis amigos escort se expresa así:

A mí me gusta esta vida. No quiero una pareja, me divierte ganar dinero disfrutando, aunque no todos los clientes sean atractivos. Pero me gusta variar. Me veo incapaz de estar con un solo hombre porque me aburriría. Es todo. El dinero, la diversión, la libertad.»

Pero sigamos con la historia de Moritz.

Logré convencer a Maxi para «escaparnos» a Lisboa. Han sido los 4 días más felices de mi vida. Tras la vuelta y tras despedirme de Maxi me sentí absolutamente vacío. Solo en mi casa. Maxi de nuevo trabajando.»

Fase 5: retorno a la realidad

Maxi volvió a su trabajo, como era de esperar. El sueldo de Moritz no da para mantener a dos personas. Aunque Max explicó claramente que, aunque Moritz lo mantuviera, jamás dejaría su trabajo. Porque le aporta más que solamente dinero. Los dulces recuerdos del viaje alimentaron el corazón de Moritz durante unos días, pero la realidad acaba imponiéndose. Moritz temía y evitaba la conversación «definitiva» con Max acerca de que éste dejara su oficio. Porque en el fondo ya conocía la respuesta, y ésta le aterrorizaba tanto como le dolía.

Conclusiones

Esta historia de Max y Moritz, como todas las historias parecidas, acaban de formas distintas. Cada una es única. Quizá podemos aprender algunas cosas de esta y de todas las demás historias.

  • Ser conscientes  de «quién es» el otro para aceptarlo tal cual es
  • No forzar las decisiones de los demás
  • Reconocer nuestros propios límites
  • Ser consecuentes

Parecen consejos fáciles, pero no lo son, sobre todo porque el amor empaña nuestras percepciones. Mientras parece fácil escribirlo, llevarlo a cabo es un reto inmenso.

«Ser consecuentes» es el resumen o la síntesis. Algunas religiones aconsejan «no esforzarse» en combatir situaciones adversas, ya que esto provoca un desgaste que suele ser infructuoso. Dejarse «llevar por la corriente» es fácil aunque puede llegar a ser indignante. Pero jamás debes renunciar a tu dignidad. Seguro que existe una forma de obrar respetando tu dignidad y la de los otros.

Sensacion de ansiedad
Sensacion de ansiedad

Me enamoré de un gigolo, pero la vida sigue

Maxi reconoció que su cliente estaba enamorado de él. Decidió no abusar de él, respetándolo y desarrollando una conexión especial con él, pero sin renunciar a su trabajo. En otras palabras, construyó una relación diferenciada de la de los otros clientes.

Moritz hizo un «click» en su mente, aceptando el oficio de Maxi y las limitaciones que conlleva. Creó un «espacio emocional» para Max aislado de los otros espacios sociales como el que dedica a sus amigos. Siguió con su vida, plenamente consciente de que Max vive en otra dimensión tanto social como profesional.

La clave está en no obligarse ni a uno mismo ni a los demás en seguir los patrones sociales impuestos. No es imprescindible ni obligatorio tener pareja. Tampoco es necesario hablar de tu propio estilo de vida a todas las personas de tu entorno. Porque suelen juzgarte de forma injusta e innecesaria.

Cuando Moritz está en su entorno laboral, su entrega es la habitual. Lo mismo vale para su vida familiar y social. De este modo han conseguido crear y disfrutar del equilibrio. Cuando Max y Moritz están juntos, no existe nada ni nadie más en el mundo.

Me enamoré de un gigolo y soy feliz».

Sigue leyendo, mi blog tiene contenidos muy variados. Si deseas contactar con chicos que ofrecen servicios completos, por favor visita a Jorge, Benito, Dani y Roger. ¡Cuidado que te enamoras!

Volviendo al masaje, ¿te apetece vivir la experiencia al límite que significa mi masaje desnudo?

Epílogo

Unos meses después de conocerse la frecuencia de sus relaciones se fue espaciando. La sensación de dependencia tan propia de los primeros enamoramientos de la adolescencia da paso a una mayor serenidad. Esto no solo alivió la economía de Moritz. También Maxi se sintió con más oxígeno. Calidad y cantidad pueden ir de la mano en cualquier proporción. Pero el equilibrio siempre se abre paso.

Así que esa sensación de ansiedad y de miedo a la pérdida de Moritz facilitó una relación más confiada. A pesar de ser un intercambio económico, fue encontrando su punto. Como un engranaje que se engrasa para funcionar mejor. Llamémosle sincronía. Es algo aplicable a cualquier tipo de relación.

Me enamoré de un escort
Me enamoré de un escort

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